Comúnmente pensamos en lo mestizo como el desorden, el desencuentro de lo virtuoso y aceptable. De ahí la vergüenza del reconocernos hechos de diversas materias. Pero es el encuentro de mundos y esa transgresión del orden lo que potencia, por ejemplo, los talentos poéticos y la mirada de nuestra Gabriela.”
Claudia Hernández
Gabriela y Yin Yin
Le he visto andar por la ciudad; con ropa oscura, gafas de sol, telas largas, su cabello tomado y una mirada detenida; un cuerpo infatigable, levantando sueños, taladrando murallas, realizando. Hoy la invitada a la mesa es Claudia Hernández, realizadora teatral que hace muchos años reside en La Serena. Camina armando propuestas, dictando talleres, liderando grupos, dirigiendo montajes, consiguiendo recursos, molestando a la autoridad, llamando a la anodina audiencia para asistir al teatro; actriz, dramaturga, dirige el teatro del viento, su lugar de creación.
¿Por qué dialogar con Claudia Hernández? Primero, por hacer un reconocimiento al teatro regional y la labor local que esperamos seguir abordando; segundo, por Gabriela Mistral; la literata mal leída, la de las miradas antojadizas. Hace un tiempo Claudia Hernández se atrevió a llevar a escena una obra con el nombre de la poetiza. En aquel trabajo observé un compromiso con aportar un punto de vista crítico respecto de la manoseada figura de la Mistral. Una mujer que duerme en nuestra cabecera y cegados de sal cultural no la vemos, yacemos sobre sus pies y no le conocemos.
Difícil el recorrer la obra de Gabriela y dar algunas luces de lo que su obra puede significar para las artes de representación. Su poesía no es alegórica ni épica, su prosa es testimonial, transgresora, política. El cerrar las posibilidades de su lectura impide la exploración de los sentidos exponenciales que poseen sus fuertes letras.
Partimos por anclar el tema en la tragedia: el suicidio de Ureta, dos o tres muertes con los Zweig, su misticismo, su relación lésbica con su última curadora, Yin, la muerte de Petrópolis. Todo parece arrancar desde su biografía, aunque nunca sepamos qué correspondencia existe entre Gabriela ciudadana y su obra. De Gabriela, Claudia Hernández me comenta que su primer encuentro fue más bien biográfico y esto le resultó siniestramente encantador; a propósito de una existencia trágica, la figura de Gabriela como una revolucionaria, comprometida con su tiempo, homosexual, india, viajera, mañosa, social resultaba fascinante. La poeta en toda su expresión mal leída y mal enseñada en los espacios educativos formales. Entonces, tardíamente conocimos de nuevas llaves para entrar en las claves de su poética para leer aquello que en su contexto escandalizaba. Mujer mestiza detenta el complejo de la bastardía, las letras rurales, universales versus las prosas castas.
Caminando hacia la teatralidad, nuestra intención es indagar por su espacio – tiempo, su valor narrativo y también su valor visual. Hablamos desde las artes de representación, el lugar más complejo para abordar una figura poética pues caemos en el vicio de contar la historia de él o la héroe con destino trágico, o bien, la historia de un viaje narrativo que implica toda una existencia. Nos interesa dar con un lugar que funcione como caleidoscopio de esta poética, el lugar narrativo que estalla en su valor visual, representacional.
Pregunto a Claudia, ¿Cuál es tu propuesta para abordar a Gabriela Mistral desde la teatralidad?
“Gabriela y el teatro se conectan por el viaje. Como decía el maestro Andrés Pérez: las mejores obras teatrales hablan de un viaje. Por eso y por el tema de las reivindicaciones. Nunca antes en su tierra la poeta había sido contada desde las tablas. Era el año 2005, y los 60 años desde el Premio Nobel había que conmemorarlos de alguna manera, así es que me pareció pertinente y oportuno tirar la manga del Fondart para realizar este homenaje teatral que obtuvo el financiamiento deseado. Gabriela nació personaje. El abandono de su padre, crecer entre montañas, la religiosidad de su abuela, y su retraimiento, entre otros factores, fueron el caldo de cultivo para la universalidad. Y precisamente así la retrataba el dramaturgo Marchant Lazcano. Un texto para la mala enseñanza media con la que yo había crecido, y que, sin embargo, esperaba revertir. Una buena tijera y un par de imágenes eran las únicas herramientas de que disponía para no perturbar además la propuesta textual primigenia. Entonces la subversión no fue tal y resultó una puesta bastante tranquilizadora para las visiones oficiales”.
Gabriela fue tomada durante la dictadura como hito cultural sesgando su obra y subrayando su valor educativo y pedagógico que lo tiene por cierto; pero no constituye el núcleo que mueve su trabajo. Poemarios como “Tala” quedan relegados en su valor poético y visual por las rondas y los poemas de su primera etapa.
Leída desde la ingenuidad no es empuñada su mirada crítica, su temática sexual y el profundo descontento que tenía hacia la cultura dominante. Concordamos con Claudia Hernández en que Gabriela ha sido utilizada, tergiversada, mal leída y desprestigiada en diversas esferas: histórica, literaria, política, social y sexual.
“Como toda mujer destacada, diría yo, ya sabemos como el patriarcado opera sobre las mujeres que cruzan la línea y comienzan a dispararse de la media, más aún desde la literatura, y terriblemente más desde el reconocimiento internacional. No podía ser de otra manera, y por eso es leyenda también. Hagamos un resumen básico: guacha, pobre, rural, fea, sin título, no se casó, escribía, crió un hijo soltera, se expatrió. O sea, fuera de todos los parámetros que la norma chilena exigía y exige para el reconocimiento del éxito…”
Gabriela siempre se alojó fuera de la estación y fue canonizada a la fuerza por la cultura chilena. La Mistral no era el prototipo cultural pues conducía en aguas no iluminadas por su década. El esfuerzo en la década del ´70 era levantar hitos culturales que representaran sectores de privilegio, esto es igual a conservadurismo. El símbolo Mistral lésbica, trágica, foránea, intercultural no correspondía al panegírico, por esto la escasa literatura de comentario, prosa y textos teatrales que la aborden, el escaso cine y material documental sobre la poetisa, fenómenos que otros poetas chilenos no padecieron.
Atentos!!! Existe una Universidad privada que lleva su nombre. ¿Qué diría Gabriela? Claudia Hernández se despide diciéndonos que es la potencia mestiza, el factor desencadenante de la leyenda de Lucila. Concuerdo con que el blanqueamiento de una cultura generará los elementos para determinar la sinonimia entre mestizaje y marginación, en este caso Gabriela mestiza como creadora, mestiza en su inquietud intelectual, mestiza en su crítica, aún buscando un lugar narrativo en nuestra cultura.
Rodrigo Castillo C.
clou@claveldelviento.cl


Me da la impresion que una revista que busca promover la cultura regional debiese preocuparse de utilizar un lenguaje más accesible y no elaborar tanto en torno a frases tan concisas y cargadas de sentido… resulta un tanto pretencioso y a fin de cuentas cansa al lector, sumado al tamaño de la letra. La misma lata que resultaba leer al papiro, la lata de sentir a la cultura como algo aislado, pretencioso, buscar esa erudición, un nivel más elevado, en vez de sólo presentar… sin aspavientos.
A pesar de lo cual una labor como la vuestra es ultra necesaria y se aplaude.
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